Me sorprende de sobremanera que el argumento que siempre sale a relucir en contra de aquellos que somos Pro-vida, es que tratamos de imponer nuestras concepciones religioso-católicas en una sociedad eminentemente laica. Yo no soy católico, es más, no profeso religión alguna, pero igualmente se me sindica como taliban, u otro adjetivo que denote mi supuesto fanatismo religioso.
Bajo este contexto, es necesario señalar que tanto la eutanasia como el aborto, son también inmorales bajo la etica laica y no sólo porque lo diga la Iglesia Católica, sino en razón de la dignidad de la naturaleza humana que es un dato compartido por creyentes y no creyentes, el asesinato es siempre un acto intrínsecamente malo, o si se quiere, éticamente perverso.
El suicida, al privarse de la vida, contraría la inclinación primordial de su naturaleza, la de conservarse en su ser. Así, Aristóteles condena el suicidio dejando sentado que la muerte es el último de los males de esta vida y el más terrible, de lo que se sigue que suicidarse para evitar otras miserias de esta vida, es preferir un mal mayor a otro menor, lo cual es antinatural. Ludwig Wittgenstein, cuando sus dos alumnos preferidos, Anscombe y Smythies, se convirtieron al catolicismo, dijo que no podría creer en las cosas que ellos creen, pero, desde esta increencia, afirma que el suicidio es la acción inmoral por antonomasia, pues en ella el hombre se reduce a la condición de objeto del instinto; así como el propio Kant, quien juzga al suicida como un monstruo, negando que haya algún fin que justifique el suicidio.
Por lo tanto, desde un punto de vista secular, laico, o sea, sin ninguna implicación religiosa, el suicidio y la misma eutanasia, constituyen una acción inmoral, éticamente contraria al bien del hombre y de la sociedad.
La eutanasia nace fruto de la debilidad del pensamiento moderno, ante la resistencia del hombre a aceptar lo irremediable lo hace creer capaz de estar por sobre el derecho a la vida. Ante la muerte, considerada como el mayor de los males, se hacen muchos esfuerzos para vencerla, pero, a pesar de todo, llega inevitable.
Claramente los relativistas encuentran en la eutanasia, o en el suicidio, un modo de vencer a la muerte impuesta, causando en su visión una muerte "libre" antes de que la muerte inexorable haga su cometido. ¿Por qué se pegó un tiro Robespierre la noche antes de ser ejecutado en la guillotina?. Ciertamente no era para sufrir menos dolor, pues el tiro que se pegó con la pequeña pistola era mucho menos seguro que la cuchilla de la guillotina, y en efecto sólo consiguió fracturarse la mandíbula. En este caso, como en los de las personas que se suicidan ante la perspectiva de una enfermedad incurable, se pone de manifiesto que no se trata de tener una muerte menos dolorosa, sino de cerrar el paso a la muerte que trata de imponerse. Estos suicidios son una especie de victoria pírrica sobre la muerte, pero inducen a pensar que la actualidad de la eutanasia tal vez tenga mucho que ver con esta cuestión de fondo, propia de la tremenda debilidad del pensamiento moderno.
Para terminar, es necesario señalar que una argumentación eminentemente laica no es mayormente válida que una que se base en criterios religiosos. A saber, debemos recalcar que tal como señalaba Burke, el ser humano es un animal religioso, siendo la religiosidad propia de la naturaleza humana.